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Laura Devetach Text

Laura Devetach

Interview done in october 2007 in Balvanera, Buenos Aires.

La Torre de Cubos: Cómo nació y por qué  fue prohibido por la dictadura

En los sesenta empecé más con los cuentos para chicos porque tenía chicos. Entonces yo les contaba cuentos. Y era... como fue el comienzo de mi vida, oral. Hasta que un día dije: bueno, los voy a escribir. Y yo en ese momento no escribía las cosas..., lo tenía todo en la cabeza. Había que escribir a máquina; yo era pésima dactilógrafa. Además me cansaba mucho la máquina de escribir. Entonces, vos te equivocabas en una cosa y había que hacer un bollo y tirar todo a la basura. Entonces era un verdadero lío. Entonces lo escribía a mano y Gustavo, que era mejor dactilógrafo que yo -Gustavo Roldán-, me ayudaba a pasarlos. Y un buen día aparece, en ese momento, un concurso muy interesante –aparecieron muchos, porque en los sesenta empezó a despertarse la consciencia sobre la literatura para chicos. En Córdoba muchísimo, y también acá en Buenos Aires, pero allá se hizo un movimiento muy importante, y entonces había muchos concursos-. Entre ellos, había una escuela privada,  muy democrática, muy linda en su contenido, que se llamaba Escuela José Martí. Llamó a concurso, entonces yo me senté y escribí todos los cuentos que les había contado a mi hijos. En aquella época ni corregía, los tenía ya..., los tenía puestos. Cómo cambia uno, ¿no? Hoy prácticamente escribo tres cuentos paralelos porque va una línea sobre la otra, corrigiendo en la medida que lo hago. No, en aquel momento, no. Aparte, cuando uno es más joven es más caradura también, ¿no? Bueno, presenté La torre de cubos. Es decir, no como libro; presenté los cuentos sueltos al concurso. Y ganaron todos. Y alguno que no fue a ese concurso lo había mandado al Instituto Bernasconi que había hecho un concurso similar, y también ganó. Entonces, bueno, ahí recogí todos los cuentos, armé La torre de cubos, lo mandé al Fondo Nacional de las Artes, ganó el premio, y con ese dinero lo editamos en Córdoba. Lo hicimos en Eudecor que era privada, pero Eudecor quería decir Editorial Universitaria de Córdoba. Y salió allá. Estaba hecho con rotaprim. Acá tengo un... el ejemplar, uno de los primeros. Éste era el formato, que está ilustrado por Víctor Viano, un plástico maravilloso que ya falleció -se fue a España y falleció-. Y está hecho a rotaprim. Es decir, en esos momentos, no había una tecnología como la de hoy. No había computadora, no había fotocopia... Bueno, nuestra vida era... Yo lo pienso para atrás y digo: ¿cómo hacíamos? Bueno, y lo hacíamos, y se hacía, ¿no? Y fue uno de los primeros libros, que yo conozca, que se impuso en el país desde Córdoba. Porque se impuso de entrada. Es decir, nosotros mandamos a los diarios y fueron muy bien recibidos.

- ¿Contamos qué pasó con La torre de cubos en la dictadura, cómo fue el tema de la prohibición del libro?

Devetach: Bueno, yo creo que eso fue anterior a la dictadura. Es decir, acá, si hay que tener claro algo, es que la dictadura hizo lo suyo pero que todo esto empezó antes. Yo había sacado el Premio Casa de las Américas por Monigote en la arena en el ´75, en Cuba. Debe haber sido por eso y vaya a saber por qué otras cosas. Y fundamentalmente por denuncias, y eso sí quiero aclararlo: por denuncias. Fundamentadas, hubo profesores de letras que se dedicaron a hacerle los fundamentos a los militares y que consideraron que La torre de cubos -como dice el decreto, que no tiene desperdicio, es algo increíble-, tiene exceso de imaginación, falta de metas trascendentes, exageración de personajes, no sé..., una serie de cosas así. Eso ya estaba de antes. Comenzó de provincia en provincia. Comenzó en mi provincia, en Santa Fe. De ahí pasó a otras: pasó a Mendoza, pasó a San Juan, a la provincia de Buenos Aires. Y después en el ´78, cuando yo ya me había venido a Buenos Aires, hice un viaje a Alemania. Y al parecer, ese viaje, movilizó mi nombre o algo. Cuando volví, me encontré con que el decreto  y los distintos decretos provinciales se convirtieron en un decreto nacional. Era como una enfermedad que de pronto hizo explosión y tomó todo. Y significó muchas cosas. Yo tenía que tener mucho cuidado, ya lo tenía de antes, ¿eh? Ya el libro no estaba en las bibliotecas. Yo coordinaba el Departamento de Letras del profesorado Agnon y mi libro no estaba en la biblioteca porque ya había habido un decreto, de los parciales digamos, que hacía que me sacaran de la biblioteca. El problema se vino después con esto de que tener prohibido un libro no era solamente eso, sino que era tener un Falcon en la puerta de tu casa, tener que asar algunas noches afuera, temer por tu familia, encontrarte sin argumentos frente a los propios hijos que te decían: "Pero mami, ¿qué tiene La torre de Cubos de malo?". Claro, cómo explicarle a preadolescentes y adolescentes qué era lo que estaba mal en ese libro, si para nosotros era la vida, lo que pensábamos en la vida, ¿no? Bueno, eso fue. Eso a mí, de cualquier manera, no me silenció. Es decir, yo seguí escribiendo, juntando papeles. Lo que pasa es que durante ese tiempo no se publicó nada. No tenía forma yo... A La torre de cubos lo vendían bajo cuerda. Los libreros más vivos lo vendían bajo cuerda. Y sí tengo yo un agradecimiento universal -y eso lo puse en una de las ediciones nuevas como agradecimiento- a los maestros que, en aquel momento, sin que hubiera fotocopias, hacían en esténciles los cuentos sueltos, sin poner el nombre, y los llevaban a la escuela. Y así fue que La torre de cubos siguió viviendo, y está vivita y coleando, y tiene cuarenta y un años. Y sigue.

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