La Audiovideoteca es un centro de producción audiovisual y un archivo, dedicado a la preservación, conservación, catalogación y difusión de la cultura argentina contemporánea.
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- Entrevistas audiovisuales -producidas por un equipo propio- que abordan la vida de los artistas y el proceso creativo de las diversas disciplinas: Literatura, Teatro, Artes Visuales, Música y Cine.
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Entrevista realizada en junio de 2007 en el barrio de Palermo, Buenos Aires.
Una anécdota para recordar
Habían muerto mis padres -que murieron con seis meses de diferencia- y yo estaba muy mal, muy triste. Entonces apareció en mi estudio (Daniel) Veronese, que no era en ese momento lo que es ahora, a traerme una obra suya para que yo dirigiera. Y yo le dije: ‘Mirá, Daniel, sin leerla te digo que no, porque no tengo energía en este momento’, y le conté el estado anímico que yo tenía por esta circunstancia absolutamente comprensible. Él entendió, por supuesto. Y cuando se estaba yendo, de la nada, yo no te puedo decir de dónde, le dije: ‘Pero, en cambio, quiero actuar en una obra del Periférico de Objetos’. Él me miró y se fue. No me dijo nada. Y yo salí al hall, donde estaba mi secretaria y dije: ‘¡Ay, qué vergüenza, con este muchacho joven, o este grupo joven, yo que soy más grande, qué vergüenza, ni me contestó, qué horror¡’ A los quince días, me llama Veronese por teléfono y me dice: ‘Te vas a llamar Tomás, y empezamos mañana’. Y yo fui muy feliz. Primero porque no dirigía y me parecía extraordinario no dirigir y que hubiera otro con el seño fruncido, enfrente, rompiéndose la cabeza. Y porque me permitía, digamos, tomar, retomar, de alguna manera, otra veta mía que me gusta mucho, que mi estado anímico me permitía –porque no tenía demasiada responsabilidad- y fue una gloria.
Ahí también tengo una anécdota –soy una mujer de anécdotas, más que de teorías-: vino al ensayo general Alfredo Alcón, que como todo el mundo sabe es un ser muy generoso. Y yo lo agarré, así, medio me colgué de él, y le dije: ‘Alfredo, decime, por favor decime si no es un bochorno lo mío’. Y me dijo una frase que no me la voy a olvidar nunca. Me dijo: ‘Mirá, Laura, es tan peligroso mirarte a vos como a los muñecos’. Y dije: ‘Chau, ya está’. Y después, bueno, tuvimos un final hermoso porque terminamos en Nueva York, en un festival.
Entrevistadora: Una pregunta muy infantil, mía: cómo era la sensación física de estar en ese espacio pequeño, con tu cuerpo grande al lado de esos muñecos y de ese sillón tan macabro, cómo era la sensación... ¿Cómo estar en una casa de muñecas?
No, no, yo creía que estaba con personas. En el teatro la creencia es fundamental. Estaban mis padres, estaba mi novia, estaban los policías... Yo no veía muñecos. Y yo era un chico, un varón, de nueve años. Y yo lo creía, y era feliz. La gente me esperaba a la salida como para mimarme, para decirme, ‘bueno, pobrecita...’ Y yo salía radiante, decía: ‘¿Dónde vamos a comer?’ Vestida divina, porque a mí me encanta vestirme bien. Yo era feliz. Es arte. Además siempre he pensado que la vida es peor. Siempre. Cuando se acerca el horror de la vida y del mundo.